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No me cuentes cuentos...La fábula de la rana en el pozo
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La fábula de la rana en el pozo

Cuenta la fábula que un grupo de ranas paseaba alegremente por el bosque, cuando de repente en un despiste dos de las pequeñas ranitas cayeron a un profundo pozo.

Las demás ranas alrededor del pozo mirando asustadas hacia el interior, se dieron cuenta de lo profundo y oscuro que era el lugar donde habían caído sus compañeras. Mientras miraban horrorizadas hacia el fondo, gritaban a las ranas que estaban dentro del oscuro agujero, que era imposible salir y que debían darse por muertas.

Sin embargo, las dos ranitas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las ranas de fuera gritaban diciendo que esos esfuerzos serían inútiles y que nunca podrían salir. Una de las ranas, escuchando lo que las demás decían, dejó de saltar agotada, se dio por vencida y decidió que nunca podría salir. Se dejó morir. La otra, sin embargo, continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando cada vez con más fuerza, hasta que finalmente consiguió salir del pozo.

Las otras ranas le dijeron sorprendidas: “qué bien que hayas conseguido salir, a pesar que nosotras te decíamos que tu esfuerzo sería en vano”. Entonces la ranita les explicó que era sorda y que ella creía que la estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para lograr salir del hueco.


“Y como no sabía que que era imposible, lo hizo”.

“Aerodinámicamente, el cuerpo de una abeja no está hecho para volar; lo bueno es que la abeja no lo sabe”.

¿Cuántas veces os ha pasado que creíais que no ibais a ser capaces de hacer o conseguir algo? ¿Cuánto poder tienen las opiniones de los demás sobre vuestras posibilidades de conseguir vuestro objetivo? ¿Cuánto poder tienen tus propios pensamientos a la hora de enfrentarte a un problema o a un nuevo reto?

El poder de una palabra de ánimo en un momento dado puede ser crucial. A veces, no tiene que venir de una tercera persona, y somos nosotros mismos esas ranitas que gritan que no podemos hacerlo…

Hace unos años, un buen amigo me propuso para un puesto de trabajo. Yo llevaba sin trabajar algún tiempo porque había sido madre de mi primer hijo y quise (y pude) cuidarlo a tiempo completo durante sus dos primeros años de vida.

Cuando me hizo la oferta de trabajo, me dijo que el puesto implicaba mucha destreza, que había muchísimo trabajo por hacer y que no iba a ser fácil, pero que él confiaba en mí. Le dije que lo pensaría…

Durante unos días no supe qué hacer. No podía controlar mi cabeza y me invadían las dudas de si yo sería capaz de realizar bien aquel trabajo. Yo tenía experiencia para un puesto como el que me proponía, pero llevaba casi dos años fuera del mercado laboral y el miedo a no estar a la altura me angustiaba. Mi familia y amigos me animaban sin duda a decir que sí al puesto y aún así yo tenía mucho miedo a no hacerlo bien y fracasar.

Después de unos días de cambios de opinión constantes en mi cabeza, llamé a mi amigo y le dije que aceptaba el trabajo. ¿Qué era lo que podía perder? Nada. Como mínimo iba a aprender algo, me decía a mí misma mientras me faltaba un poco el aire.

Acudí puntual el primer día a mi nueva oficina, me presentaron a mis compañeros, y mi jefe muy amablemente, me explicó lo que tenía que hacer. Me puse manos a la obra y en tan solo tres días tenía el trabajo totalmente terminado y estaba preguntando por más. No sólo no me pareció difícil, sino que me pareció excesivamente fácil.

Durante días no paré de pensar que había estado a punto de rechazar el trabajo por culpa de mi inseguridad y mis miedos, antes de saber de lo que realmente se trataba… Desde entonces digo a todo que sí y luego, ¡ya veremos!

Ilustración de: Yolanda Ucha Bouzada

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“Soy Perfecta” es un mirarse mejor, un quererse más, es un creer en nosotras mismas, es un estado de ánimo, es una decisión. Y tú, ¿eres perfecta?

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