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Gordofobia

Llevo meses escuchando mucho esta palabra y hoy me gustaría reflexionar y buscar documentación para sacar conclusiones.


Gordofobia es el prejuicio sobre los «gordos» y sobre las «gordas», frecuente en nuestra sociedad, tanto que casi no caemos en la cuenta de lo mucho que lo usamos.


La delgadez se asocia automáticamente con la salud y el bienestar, cuando eso no siempre es exactamente así: habrá personas delgadas que se cuidan y otras que se alimentan de comida basura y presumen de vida sedentaria.

Al contrario, cuando se habla de obesidad nos viene a la mente la imagen de una persona que come mucho, casi siempre alimentos poco saludables. Por supuesto esto tampoco es así: habrá obesos y obesas, que cuiden su alimentación y practiquen deporte con regularidad y otras personas que no lo harán. Con frecuencia a los obesos se les considera asexuados, descontentos de sí mismos, de voluntad débil, poco atractivos o feos, perezosos, menos disciplinados, y responsables de su peso corporal. Este es el estereotipo de la obesidad.


Todo esto no son más que prejuicios: ideas equivocadas sobre la obesidad pero que pueden hacer mucho daño a una persona, sobre todo en la infancia.

El doctor Néstor Benítez, dietista-nutricionista especializado en tratar trastornos alimentarios nos dice: «La gordofobia podría definirse como un sentimiento de repulsión hacia quienes sufren exceso de peso y se apartan de los patrones estéticos establecidos”.


Los expertos que han analizado el fenómeno señalan que la sociedad en la que vivimos enseña que lo valioso y saludable es lo ágil, lo rápido, lo dinámico. Por lo tanto, todo lo que se asocia a lento, pesado y voluminoso es percibido como inferior. Y esto explica el acoso social que sufren las personas con exceso de peso, que dinamitan el ideal de delgadez que estimula la sociedad contemporánea.


En España, por ejemplo, la ingesta media ha pasado de 3.008 kilocalorías por persona y día en el año 1964 a 2.609 calorías en 2012. También se ha escrito mucho sobre que la culpa es de que ahora hacemos menos ejercicio. No obstante, cada vez más voces señalan que la actividad física, siendo crucial para mantener una buena salud, es mucho menos importante que la dieta a la hora de regular el peso.


¿Qué ha pasado? El diario británico The Guardian se aventuró a sugerir una respuesta: la principal razón de que hayamos engordado tanto es el tipo de comida que estamos consumiendo desde el último cuarto del siglo pasado. Asimismo, aunque las compras directas de azúcar han disminuido drásticamente, es muy probable que el que está oculto y que tomamos con las bebidas azucaradas y a través de los alimentos precocinados se haya disparado en los últimos años. Así pues, cualquier mujer u hombre preocupado por haber engordado más de la cuenta recientemente, además de supervisar la cantidad de comida y la actividad física realizada, debería preocuparse también «por la calidad nutricional de los alimentos que forman parte de su día a día», sugiere María Soto.


El periodista Jacques Peretti argumentó en su día “las empresas alimentarias han invertido mucho dinero desde 1975 en el diseño de productos que eluden nuestros mecanismos naturales de control del apetito, de cara a conseguir que comamos más de lo que necesitamos a partir de añadir azúcar, sal y grasas a muchos productos para hacerlos más sabrosos.

En España, el actor Brays Efe (Paquita Salas) lamentaba recientemente en su discurso en los Premios Feroz que los actores gordos solo reciben ofertas para interpretar a gordos por parte de directores y productores, como si no hubiera otra cosa que los definiera. En este contexto de burlas y discriminaciones, nace el fat pride (orgullo gordo), un movimiento para erradicar la idea de que las curvas están mal. Y en el extremo, un nuevo concepto de trastorno alimentario llamado megarexia, que lleva a algunos a encontrar agradable ser obeso.


«Es estupendo que las personas que padecen obesidad se sientan muy bien consigo mismas. De hecho, debería ser así, pero también han de ser conscientes, sin que ello altere su felicidad, de que tienen un problema patológico que a corto, medio o largo plazo puede afectar su salud. Hay que diferenciar ambas cosas», matiza el experto Benítez. ¿Y qué indicios alertan de que la obesidad, más allá de la estética, puede estar pasando factura a la salud? «Puede ser algo tan sencillo como comenzar a tener dificultades para atarse los zapatos», añade. «La línea roja es no poder llevar una vida normal y notar, por ejemplo, que te cansas mucho más», aporta la dietista-nutricionista Soto. A partir de ese instante, «lo que era una opción respetable pasa a convertirse en un problema de salud», alerta.


La obesidad también es un drama para quien la padece. España es el país con la segunda mayor tasa de la Unión Europea: afecta a uno de cada cuatro habitantes, según la OMS.


Existe la idea generalizada de que muchos de quienes sufren esta patología, o quienes tienen sobrepeso, es porque se lo han buscado. Que de alguna manera, se merecen ser objeto de chanza. Pero nadie se ríe de una persona anoréxica, o de quien padece un cáncer por haberse fumado tres cajetillas diarias. La obesidad es una enfermedad crónica sobrevenida o heredada, que muchas veces viene dada por una disfunción de una glándula endocrina: la tiroides. Por supuesto que puede llegarse a un estado de obesidad mórbida por comer demasiado, pero según la propia OMS, la mayoría padecen un síndrome metabólico. Nadie elige estar gordo, igual que nadie elige ser excesivamente bajo. A esto hay que añadir el hecho de que el sexo femenino está más condicionado por su físico en la sociedad actual. Hace poco, un sociólogo de la Universidad de la Sorbona desvelaba al diario “The New York Times” los resultados de un estudio por el cual, en Francia, un hombre gordo tiene tres veces menos posibilidades de encontrar un empleo que otro que esté en su peso; en el caso de una mujer son seis veces menos. El colectivo Stop Gordofobia recoge decenas de testimonios en su página web.


La francesa Gabrielle Deydier cuenta su experiencia en primera persona. “Cuando era universitaria pesaba 90 kilos. No me dejaron trabajar en un McDonalds porque el encargado no quería que los clientes pensaran que iban a terminar como yo por comer allí”. Esta y otras anécdotas conforman su libro “On Ne Naît Pas Grosse” (“Uno no nace gordo”), que ha sido un rotundo e inesperado éxito en el país galo. Esta periodista, que hoy pesa 150 kilos, demuestra cómo las personas de su condición sufren muchas veces censura en su país, e incluso insensibilidad por parte de buena parte de la comunidad médica.


En mi búsqueda de documentación me he encontrado con gente tan comprometida y que visibiliza este prejuicio social como “Stop Gordofobia” y su web y el documental “On achéve bien les gros” de Gabrielle Deydier que os recomiendo ver.


Pongámonos en la piel de las personas que tienen sobrepeso u obesidad en una sociedad como la nuestra, quizás nos lo pensaríamos dos veces antes de decir ciertas cosas. No juzguemos. Yo hace mucho tiempo que dejé de hacerlo. Y ¿tú?

COMENTARIO: Si te ha gustado este artículo, puedes seguir leyéndonos. Aquí tenemos otro artículo muy interesante sobre la «La percepción de la belleza alrededor del mundo… la Tribu Mursi (Etiopía).»

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