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El placer de no hacer nada

“…Esta es una expresión estupenda. Bel far niente ́significa la belleza de no hacer nada ́. Ahora bien, el pueblo italiano ha sido un pueblo trabajador, sobre todo esos sufridos obreros llamados braccianti (porque solo contaban con la fuerza bruta de sus brazos para salir adelante en la vida). Pero, incluso con ese hacendoso telón de fondo, el `bel far niente ́ es el ideal de todo italiano que se precie. La belleza de no hacer nada es la meta de todo su trabajo, el logro final por el que más te felicitan. Cuanto más exquisita y placenteramente domines el arte de no hacer nada, más alto habrás llegado en la vida. Y no necesariamente tienes que ser rico para experimentarlo, además, hay otra expresión italiana maravillosa: ́L’arte di arrangiarsi ́,, el arte de sacar algo de la nada. La capacidad de convertir un puñado de ingredientes sencillos en un banquete o un puñado de amigos selectos en un fiestón. Para hacer esto lo importante no es ser rico, sino tener el talento de saber ser feliz.


En mi caso, sin embargo, el gran obstáculo que me impedía disfrutar del placer era el profundo sentido de culpa que tenía por mi educación puritana. ¿Realmente merezco este placer?


Por eso cuando dije a mis amigos italianos que había ido a su país a disfrutar de cuatro meses de puro placer, la idea no les pareció nada rara. Complimenti! Vai! Avanti! Pero aunque los italianos me han dado permiso para disfrutar a tope, no acabo de conseguirlo. Durante las primeras semanas que pasé en Italia mi cerebro protestante hacía sinopsis sin parar, ávido de encontrar una labor provechosa. Quería abordar el placer como los deberes del colegio o como un gigantesco proyecto científico. Me hacía preguntas del tipo: ¿Qué se hace para maximizar el placer más eficazmente? Llegué a plantearme pasar todo el tiempo que estuviera en Italia metida en la biblioteca, haciendo un estudio sobre la historia del placer. O entrevistar a una serie de italianos, que hubieran experimentado mucho placer en su vida y preguntarles qué habían sentido y escribir un reportaje sobre ese tema.


Al ver que la única pregunta que se me ocurría era ¿Cómo definiría yo el placer? y teniendo en cuenta que estaba en uno de los países cuyos habitantes me iban a dejar explorar ese tema tranquilamente, todo cambió. Todo se volvió delicioso. Lo único que tenía que hacer era preguntarme a mí misma todos los días por primera vez en mi vida ¿A ti que te gustaría hacer hoy, Liz? ¿Qué sería un placer para ti en este momento?…”.

(Fragmento del libro “Comer, rezar, amar” de Elizabeth Gilbert)


¿Cuántas veces os habéis dicho “hoy no hago nada” y luego no lo habéis cumplido? Yo infinitas…


Vivimos en una sociedad en la que parece que está mal visto eso de no hacer nada literalmente. Nos creamos unas obligaciones absurdas y necesitamos llenar nuestro tiempo de quehaceres para no sentir que estamos “perdiendo el tiempo”. Y no tiene nada que ver con echarnos la siesta después de comer. El “dolce far niente” se refiere a dejar a un lado el ritmo cotidiano y dedicar tiempo a la introspección, a la relajación y a la conciencia de vivir en el momento.


Mirar el mar sin límite de tiempo, sentarse en una terraza y ver a la gente pasar, tumbarse a mirar las estrellas, cerrar los ojos y oír el sonido de los pájaros… en definitiva, disfrutar del momento presente sin pensar en lo que tendría que haber hecho ni en lo que tendré que hacer luego, dejar pasar el tiempo sin remordimiento ni culpa, relajar nuestra mente.


Para ello deberíamos también desconectarnos, aunque sea por un rato, de la tecnología. A mí me cuesta, lo reconozco, pero he encontrado algunos “trucos” que me ayudan a, al menos durante un espacio de tiempo, conseguir desconectar de todo y de todos (cuando lo necesito).


¿Habéis probado a salir a la calle sin el móvil? Yo a veces lo hago, y es muy curioso porque al principio (durante la primera media hora o así), tengo el impulso de coger el móvil, lo tengo tan asociado a mi día a día que doy por hecho que lo llevo conmigo a pesar de haberlo dejado en casa conscientemente. Después de un rato, ya no lo echo en falta.


Cuando voy a leer, dejo el móvil en otra habitación porque si lo tengo cerca es casi seguro que lo voy a consultar. Asimismo desde hace un tiempo decidí no llevarme el móvil a la cama, lo dejo en el salón y cuando voy a dormir, voy a dormir… ¡o lo que surja!


Últimamente también desconecto durante días enteros la televisión. Antes estaba ahí de fondo, aunque no le prestara atención. Ahora está apagada, no quiero ruido, prefiero la música e incluso el silencio que para mí se ha convertido en un bien súper preciado. Por ello, me esfuerzo cada día por intentar “apagar” mi mente que nunca calla, mediante la meditación (o el intento de ella, porque no hay casi nada que me cueste más que dejar en blanco mi mente), cuando lo consigo os aseguro que es magia…


Y vosotras… ¿tenéis alma italiana y conseguís no hacer nada sin remordimientos? ¿Practicáis la desconexión total sin sentir ansiedad?


¡Contadnos vuestras estrategias!

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“Soy Perfecta” es un mirarse mejor, un quererse más, es un creer en nosotras mismas, es un estado de ánimo, es una decisión. Y tú, ¿eres perfecta?

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